Leer un libro de Nora Ephron es como sentarse a cenar con una buena amiga. En sus páginas encuentras un menú de ingenio inconfundible repleto de divertidísimos análisis sobre casi todo, desde su aversión a los bolsos y a las arrugas hasta jugosas indiscreciones sobre su vida amorosa. En esta antología de textos inéditos en español, Ephron nos enseña, entre otras cosas, a ser los anfitriones perfectos sin morir en el intento, nos ilustra en el arte de preparar un buen sándwich, nos relata su cambio de imagen radical y se burla de las revistas femeninas, pero también medita sobre los gajes de su oficio: «Trabajar de periodista es exactamente lo mismo que ser la fea de la orgía. Siempre me da la sensación de estar en un evento increíble, donde todos se lo están pasando en grande (…) mientras yo me quedo al margen, tomando notas de todo».
Con una ironía y una honestidad desarmantes, este libro confirma una vez más que Nora Ephron es una observadora única de la vida moderna y, sin duda, una de las mejores compañías literarias que uno puede tener.
«Ephron aporta desparpajo y un toque de aparente intrascendencia para aportar, en realidad, una crítica irónica y mordaz de nuestro tiempo.» Javier Menéndez Llamazares (El Diario Montañés)
«Sin el menor alarde, Ephron casi nunca falla. Su escritura combina el ingenio de Dorothy Parker, la tragicomedia cotidiana de Erma Bombeck, la sofisticación de la gran ciudad de Fran Lebowitz y el instinto cómico de Dave Barry. Todo de un modo equilibrado y lleno de eficacia. Su arma es la mirada.» Pablo Martínez Zarracina (El Correo)
Editorial
LIBROS DEL ASTEROIDE
SINOPSIS
Son varias las razones por las que Patricia Bolaños (Madrid, 1985), artista gráfica asentada desde hace una década en la Gran Manzana, recomienda la lectura de Gente a cenar, el recopilatorio de artículos inéditos en español de Nora Ephron (Nueva York, 1941–2012) publicado recientemente por Libros del Asteroide. Una de esas razones es, claro, la deriva cómica que cimenta su estilo.
“Me he reído mucho con el artículo sobre el cambio de imagen. De nuevo, utiliza el aspecto físico y todo el esfuerzo y sufrimiento que implica encajar en lo socialmente aceptado para construir un discurso inteligente y divertidísimo, a costa de ese self-deprecation [ejercicio autocrítico] tan suyo, a veces incluso un poco impostado, porque en realidad ella no era tan poco agraciada como a veces se describe”, apunta la responsable de ilustrar la portada del volumen y continúa: “También me ha parecido brillante la ironía con la que escribe sobre Helen Gurley Brown, la mítica editora de Cosmopolitan en los años sesenta. Con una ligereza admirable, consigue hacer un retrato incisivo que la deja tiritando. Es difícil no envidiar esa falta de autocensura”.
Y, es que, la propia Ephron avisa en el prólogo de Gente a cenar –escrito en julio de 1980– de que nada de lo que la rodea, por superficial que pudiera parecer a miradas mal entrenadas, le resulta ajeno: “Me preocupa que haya una guerra en Indochina y me manifiesto contra ella; y me interesa que haya un movimiento de liberación de la mujer y me manifiesto a favor. Pero también voy al cine sin parar, y a la peluquería una vez a la semana, y preparo la cena todas las noches y me paso horas delante del espejo intentando que mis ojos parezcan simétricos, y también me intereso por estas cosas. La mayor parte de mi vida sigue su curso intrascendente a pesar de los grandes acontecimientos”.
Una frase que a Patricia Bolaños le suscita su propia reflexión. “La vida es así: el mundo arde en llamas, vemos las guerras, las injusticias, los genocidios. El panorama general ahora mismo es desolador, pero te sigues yendo de vacaciones y de copas con tu prima. Existen las dos realidades y se pueden vivir ambas sin tener que menospreciar aquello que parece trivial. Y eso Nora lo predicaba allá a donde iba. Si algo define su escritura es que nunca parece tomarse nada demasiado en serio, ni siquiera a sí misma. Y quienes la leemos no podemos más que agradecérselo”, ahonda.
Eva Blanco Medina
Vogue
LA AUTORA
Qué difícil sería no adorar a Nora Ephron. Quiero decir cuando lees esos artículos donde confiesa sin rubor sus innumerables patinazos y sus ideas peregrinas, con esa visión de la vida levemente desencantada pero que no se permite caer jamás ni en la crueldad ni la moralina, es imposible no prendarse de una escritora que, aunque parezca que nos está hablando de la historia de los abrigos de visón, de las manías más secretas de su madre o las pequeñas miserias de la vida social en Beverly Hills, en realidad está retratando la vida contemporánea y sus paradojas en este tiempo en el que nos creemos la cúspide de la evolución.
Bueno, o quizás un cuarto de hora antes, porque el grueso de estos textos está fechado en la segunda mitad del siglo pasado. Sin embargo, leyendo a Ephron enseguida le entra a uno la sospecha de que el siglo XXI no es nada más que el XX pero con internet e inseguridad laboral. Lo demás, lo básico, ya estaba allí desde los años sesenta: la neurosis colectiva, el postureo, la presión del entorno… Todo eso ya existía, sin necesidad de redes sociales. O de redes digitales, al menos.
Qué difícil sería no adorar a Nora Ephron. Quiero decir cuando lees esos artículos donde confiesa sin rubor sus innumerables patinazos y sus ideas peregrinas, con esa visión de la vida levemente desencantada pero que no se permite caer jamás ni en la crueldad ni la moralina, es imposible no prendarse de una escritora que, aunque parezca que nos está hablando de la historia de los abrigos de visón, de las manías más secretas de su madre o las pequeñas miserias de la vida social en Beverly Hills, en realidad está retratando la vida contemporánea y sus paradojas en este tiempo en el que nos creemos la cúspide de la evolución.
Bueno, o quizás un cuarto de hora antes, porque el grueso de estos textos está fechado en la segunda mitad del siglo pasado. Sin embargo, leyendo a Ephron enseguida le entra a uno la sospecha de que el siglo XXI no es nada más que el XX pero con internet e inseguridad laboral. Lo demás, lo básico, ya estaba allí desde los años sesenta: la neurosis colectiva, el postureo, la presión del entorno… Todo eso ya existía, sin necesidad de redes sociales. O de redes digitales, al menos.
‘Gente a cenar’
Autor Nora Ephrone
Editorial Libros del Asteroide, 2026.
Páginas 168
Precio 18,95 euros
‘Gente a cenar’ es la tercera entrega que publica en España Libros del Asteroide de las recopilaciones de artículos de la autora. Tras ‘No me acuerdo de nada’ (2021) y ‘No me gusta mi cuello’ (2023), sus lectores se han multiplicado, para dejar de ser simplemente la guionista de ‘Cuando Harry encontró a Sally’, lo que por otro lado no es mala carta de presentación para toda una personalidad de los medios estadounidenses, pero una completa desconocida en nuestro país. Para sus fieles, gran noticia: este libro es prácticamente igual que los anteriores. Más de lo mismo, aunque esta vez rescatando textos más escondidos, que habían ido apareciendo durante medio siglo dispersos en publicaciones de primerísima línea: The New Yorker, The Huffington Post, The New York Times, Squier y Cosmopolitan. Publicado originalmente en 2012 como homenaje póstumo a la escritora, desde luego no defrauda las expectativas.
Y es que, del mismo modo que la autora renuncia a las ínfulas y no tiene ningún reparo en apearse del pedestal del éxito –y tuvo mucho, sobre todo en cine y televisión–, su estilo desenfadado y voluntariamente apegado a lo cotidiano es la clave de su conexión con los lectores. Partiendo del más clásico humor judío, desde Groucho Marx hasta Woody Allen, Ephron aporta desparpajo y un toque de aparente intrascendencia para aportar, en realidad, una crítica irónica y mordaz de nuestro tiempo.
Luego, claro, está lo de la empatía… Porque claro, empieza contando que, cuando un columnista le confesó que escribía por el placer de ver a la gente en el metro disfrutando de sus artículos, ella empezó a fijarse en los lectores pero nunca nadie leía sus textos. Hasta que por fin coincidió con uno… que abandonó la lectura en menos de diez segundos. Vamos, que solo por ese ego deshinchado Ephron ya nos tiene más que ganados.