Hambre

21,50 € IVA incluido

AUTOR:                        Knut Hamsun

TRADUCCIÓN:            Kirsti Baggethun   Asunción Lorenzo

ISBN:                           979-13-87922-28-3
TAMAÑO:                    140 x 220 mm.
ENCUADERNACIÓN: Rústica
PÁGINAS:                   256
Escrita por el premio nobel noruego Knut Hamsun en 1890, Hambre es considerada la primera novela moderna escandinava y también un ejemplo sobresaliente de la novela psicológica. Es una obra emblemática que marcó el camino hacia un nuevo tipo de literatura.

La historia corresponde a un relato en primera persona, en donde el personaje ficticio, de nombre desconocido, narra la miseria en la cual se encuentra sumergido debido a la carencia de un trabajo estable, sumado a la difícil situación que se vive en la ciudad de Christiania, la actual Oslo, del siglo XIX. Fundamentalmente, Hamsun aborda la cuestión de la irracionalidad de la mente humana, de manera intrigante y a veces humorística

«Para John Fante, para Charles Bukowski y, de manera aún más relevante, para mí, no existe en su obra —quizás ni siquiera en toda la literatura mundial— un libro mejor que el que sostienen en las manos». Kiko Amat

«Aquí está ocurriendo algo nuevo; en Hambre se propone una nueva reflexión sobre la naturaleza del arte. Un arte indistinguible de la vida del artista que lo crea… un arte que es la expresión directa del esfuerzo por expresarse».
Paul Auster

 

 

 

Editorial

NÓRDICA

SINOPSIS

Publicada en 1890, Hambre (Sult), de Knut Hamsun, no es solo una novela sobresaliente, sino también un punto de inflexión que marcó el inicio de la narrativa psicológica moderna. Ahora, Nórdica Libros pone al alcance del público español una cuidada edición de esta obra emblemática, con prólogo de Kiko Amat y epílogo de Kirsti Baggethun, quien firma además la traducción junto a Asunción Lorenzo. La génesis de la novela se remonta a la juventud del propio autor, que en la década de 1880 vagó por Cristianía –la actual Oslo– sumido en la miseria mientras intentaba, sin éxito, abrirse camino como escritor. Tras un revelador viaje en barco desde América, Hamsun comenzó a volcar aquellas vivencias en el papel, dando forma a un protagonista anónimo y sin pasado que arrastra al lector a un vertiginoso descenso por los abismos de la mente y de la inanición.

A través de un relato de raíz autobiográfica, Hamsun plasmó una desesperanza lacerante y una fatalidad de tintes oníricos, encerrando a su protagonista en un universo opresivo que condensa las experiencias más extremas de la existencia humana. En la superficie, podría parecer que estamos ante una novela sobre la penuria y el vacío, pues el hilo argumental es mínimo. La novela se enmarca dentro de una corriente neorromántica y vitalista impulsada por las ideas de Nietzsche. La historia sigue a un joven y atribulado aspirante a escritor que deambula erráticamente por la ciudad, preocupado únicamente por hallar comida, pagar el alquiler y vender algún artículo ocasional. Sin embargo, la verdadera magnitud del conflicto no reside en los eventos externos, sino en el convulso interior del personaje. Hamsun rompió con el canon naturalista propuesto por Émile Zola, que concebía al ser humano como un ente determinado por la herencia y el entorno. En contraposición, Hambre se adentra audazmente en los movimientos del alma, escudriñando la irracionalidad humana y la exaltación del instinto a través del flujo de conciencia, mucho antes de que lo hicieran Sigmund Freud o James Joyce.

La propuesta nos traslada a las gélidas avenidas de una capital nórdica y nos obliga a seguir los pasos de un intelectual marginado y sin identidad explícita. Al prescindir de la progresión argumental clásica, la obra adopta una estructura cíclica y asfixiante de precariedad constante, donde la única meta es publicar de forma esporádica para aplazar la inanición. Esta renuncia a la trama tradicional se convierte en el lienzo idóneo para mostrar cómo la falta prolongada de alimento actúa como un agente disruptivo que altera de manera radical la cognición. La psique del narrador se fractura: cuerpo y mente entran en conflicto, desencadenando fantasías febriles, crisis nerviosas y episodios irracionales de agresividad o autolesión.

La privación se erige así en catalizador de una progresiva desintegración de la identidad. Con asombrosa anticipación a los grandes tratados sobre la mente, la novela cartografía la tiranía del cuerpo sobre la razón. El protagonista sufre espejismos y bruscas oscilaciones de ánimo; en ocasiones, pierde la conexión con sus propias extremidades, que percibe como ajenas. Sus escasos encuentros sociales –ya sea con un transeúnte lisiado o con una mujer a la que asigna un nombre fantástico– se transforman en mecanismos de proyección psicológica. Oscila entre un deseo vehemente de reconocimiento y una defensa agresiva que lo lleva a rechazar con hostilidad a quienes percibe como reflejo de su propia degradación.

Paralelamente, el relato levanta un monumento a la obstinación y al martirio creativo. Aferrado a un código de honor exacerbado, casi absurdo, el protagonista rehúye cualquier gesto de caridad y llega a desprenderse de bienes esenciales para fingir solvencia ante los demás. Es en el núcleo de esa desolación, recluido en habitaciones claustrofóbicas que evocan una tumba anticipada, donde brotan sus impulsos literarios más radicales. En su intento de imponer la voluntad sobre el caos, aspira incluso a doblegar el lenguaje, inventando palabras sin significado previo como afirmación extrema de un universo propio frente al abismo.

Desde una perspectiva social, la ciudad aparece como un engranaje frío y mecanicista. La novela retrata la desconexión entre el individuo y su entorno: no existen redes de apoyo, sino un sistema transaccional que expulsa a quien carece de utilidad productiva. Esa amenaza de exclusión cristaliza en el temor casi fóbico del protagonista hacia los grandes navíos atracados en la bahía, siluetas ominosas que imagina destinadas a transportar a los desechados al exilio. El espacio urbano se convierte así en un escenario hostil que castiga la ineficacia económica con el ostracismo.

El desenlace de esta odisea –cuando el exhausto deambulante cede ante las exigencias del entorno y se enrola en un barco mercante– consuma una derrota vital. Sin embargo, ese fracaso existencial dio origen a un triunfo artístico de enorme alcance. Autores fundamentales del siglo XX como Franz Kafka, Thomas Mann, Hermann Hesse, Stefan Zweig, Isaac Bashevis Singer, Raymond Carver o Paul Auster reconocieron su deuda con esta implacable radiografía de la marginación. Al adentrarnos en esta espiral de aislamiento, asistimos al testimonio desgarrado de una mente al límite y a la construcción de un retrato perdurable sobre la vulnerabilidad humana frente a un sistema indiferente al sufrimiento.

EL AUTOR

El noruego Knut Hamsun nació en la miseria, trabajó desde niño, vendió zapatos, aró los campos, puso raíles de vías como emigrante en América, fue a la escuela 252 días en toda su vida y se convirtió en una gloria literaria nacional, con el premio Nobel de Literatura. Sus novelas, tal vez precisamente gracias a las lagunas de la cultura del autor, fueron como asteroides venidos de otra galaxia. Celebrado por autores como Thomas Mann, Stefan Zweig, John Fante, Paul Auster o Franz Kafka como el padre de la literatura psicológica, malogró sin embargo su legado con sus opiniones políticas. Hamsun apoyó, con absoluto entusiasmo, al invasor nazi que conquistó su país. ¿Cómo logró la gloria? ¿Fue la adulación al nazismo la peor característica de su personalidad? A través de las anécdotas de su vida, Juan Soto Ivars construye una reflexión sobre la distancia pertinente que debiéramos establecer entre los autores y sus obras.