Los nombres propios

19,90  IVA incluido

AUTORA:                            Marta Jiménez Serrano

ISBN.                                   978-84-18342-25-7

ENCUADERNACIÓN:         Rústica

«Con hondura y verdad, Marta Jiménez Serrano nos relata el camino de la infancia a la primera juventud. Preciosa». Elvira Lindo

¿Quién es Belaundia Fu? Es la mejor amiga de Marta a los siete años, la amiga invisible que se queda con ella cuando las cosas no salen bien y ni siquiera la abuela es capaz de consolarla. Belaundia Fu es la voz sensata, ideal e infalible que, en la adolescencia de Marta, le dice las verdades a la cara: por ejemplo, que ese chico, Charlie, no le conviene. Pero cuando Marta ya ha cumplido veintidós, cuando ya se ha licenciado, cuando está empezando a tomar las decisiones que van a marcar el resto de su vida, ¿qué hace todavía ahí Belaundia Fu? Ahí sigue porque es quien, desde siempre, le ha narrado a Marta su propia historia. ¿Quién es Belaundia Fu?, nos preguntamos, aunque la pregunta verdaderamente importante es: ¿quién es Marta?

Luminosa y emocionante, Los nombres propios es una indagación sobre la identidad y la relación que establecemos con el mundo que nos rodea. Dominada por una voz narrativa de una madurez excepcional, la primera novela de Marta Jiménez Serrano reflexiona sobre cómo llegamos a convertirnos en quienes somos, sobre el hecho mismo de crecer y la manera en que lo hacemos: aprendiendo a nombrar aquello que nos importa.

Así empieza:

«BELAUNDIA FU
Te miras los pies, que son pequeños, pero a ti no te parecen pequeños: te parecen simplemente tus pies. Los llevas despacio hasta el borde del trampolín azul, descolorido por el sol. Los juntas. Das un pasito más y tus dedos, que son pequeños, sobresalen y se quedan en el aire, asomándose a la piscina brillante. Pero por qué iban a ser pequeños, si son simplemente tus dedos. Miras al frente y el sol te hace fruncir el ceño. Tienes la piel seca; seca y morena, y solo llevas puesta una braguita de bañador con volantes y estampado de cerezas que está descolocada y enseña una nalga blanquísima. Al fondo, el césped, que también está algo seco. Los aspersores. El cielo, brillante como la piscina y azul como el trampolín. El calor intenso. El silencio tan poco habitual»

Editorial

SEXTO PISO

SINOPSIS

Un retrato generacional que es, a su vez, el retrato de una época. Así se podría resumir Los nombres propios, primera novela de la filóloga, editora y escritora Marta Jiménez Serrano. La autora nos sumerge en la historia de una niña nacida en la década de los 90, que crece en los primeros 2000, y que se hace mujer en los años posteriores a la crisis de 2008, con una generación cuyas aspiraciones han sido frustradas y cuyo ánimo general es el de la apatía y el desencanto. Con su protagonista, y a través de cuatro capítulos, la escritora nos resume una biografía –infancia, adolescencia, juventud, madurez– que es testimonio de un tiempo lleno de cambios, de incertidumbres, de incógnitas.

Marta será también el nombre del personaje principal de Los nombres propios, novela en la que percibimos dosis de autobiografía, pero cuya narración podría ser la de cualquier niño, niña, adolescente o joven que haya crecido y vivido en los últimos 20 o 30 años. Ahí uno de sus valores. No se trata de un testimonio estándar, irrelevante, personal –o impersonal–. No es una confesión sin interés. La cita de Woolf, con la que se inicia la novela, es un buen ejemplo de lo que nos vamos a encontrar.

En Los nombres propios leemos logradísimas expresiones que nos retrotraen a paisajes de la infancia, en una serie de descripciones y de lugares que todos llevamos en la memoria: el verano, acudir al trabajo de nuestros padres, las compañías familiares, nuestros miedos de niños. Emocionantes y simpáticos los diálogos en los que la protagonista juega en la casa de veraneo, y muy notable la manera de contar la muerte de Diana de Gales. Un hecho que le sirve a la autora para reflexionar acerca de las primeras veces en las que los niños se enfrentan al nombre de la muerte, a la tragedia. Cómo van abandonando sus inocencias y cómo gestionan esa ignorancia –con mezcla de culpa y de vergüenza–. Marta no sabe quién es Lady Di. Se siente menos al no entender qué está pasando a su alrededor. Hasta que sus padres se lo explican. Cuando su hermana pequeña se despierta, e igualmente pregunta quién es Lady Di, Marta, rápida, se lo cuenta con soberbia y asombro: «Lady Di, por favor, si es superconocida».

Una fórmula que funciona en la novela es la de la narradora omnisciente. Una narradora que es la propia protagonista, adulta ya, y que habla con la niña que fue. Aquella le va contando a esta las emociones que siente, la vida que va inaugurando. Le enseña, así es, los nombres propios: amor, tristeza, desencanto, ilusión, entusiasmo. También nos adelanta lo que Marta vivirá. A los 16, a los 29. Nos adelanta los novios que la protagonista tendrá, las fiestas a las que acudirá, las amistades que se convertirán en decepciones, el futuro académico y laboral que espera. Es difícil no verse reflejado en estas páginas. En esta historia estructurada con solvencia –ahí se nota el oficio, las lecturas, la literatura–, con sutiles analogías entre las edades que se van sucediendo –la infancia, la madurez– y que el lector averiguará por su cuenta.

Los nombres propios se irán conociendo a lo largo del relato. También en la adolescencia. Donde Marta conoce a ese amor que todos nosotros también conocimos. Un amor que nos educa en lo sentimental, en lo sexual, en lo afectivo –en lo bueno y en lo malo–. Un punto de inflexión para la vida adulta. Si la muerte en la infancia forma parte de una explicación paterna, de los telediarios, de casi una lección con la que presumir con los hermanos, en la adolescencia va tomando otro registro, otro tono. Y junto con la muerte, el dolor de las múltiples decepciones que vivimos, de los temores a los que nos enfrentamos: de los exámenes a las relaciones sociales, de las enfermedades a la conciencia del paso del tiempo. Es la época del cambio, de las transformaciones, para los personajes de la novela, al igual que hubo cambios y transformaciones en aquellos años de «revolución digital», de mensajes con lenguajes abreviados, de tecnologías que anticiparán nuevas realidades –redes sociales, internet–. Es curioso: hay un mundo que evoluciona y unas vidas que también van avanzando, que crecen. En una simetría entre el tiempo global y el tiempo que pertenece al ámbito de la protagonista –que es el de una generación, millennial en este caso–.

Y al final todo se complica. Y vienen nuevas decisiones. Primeros trabajos –precarios–, una vida a la que se le va viendo el argumento de la obra –por citar el muy citado poema de Gil de Biedma–. Marta ha crecido y las expectativas que fueron ya no son tan ilusionantes ni esperanzadoras. Es la realidad de una joven excelente que vive de sus padres a pesar de los varios trabajos que va encadenando en una jornada laboral que no tiene límites. Es el crudo contexto que hoy día sobrevive, y que abre debates en Twitter y artículos y noticias en los periódicos. Los nombres propios ahora son los del tedio, la monotonía, la duda, el piso compartido, la treintena. Y un horizonte al que se le adivina el precipicio y que nadie sabe muy bien cómo afrontar.

En Los nombres propios, la escritora Marta Jiménez Serrano, al igual que la narradora omnisciente de su novela, nos va descubriendo las palabras que definen una época, una generación. Con una historia bien resuelta a la que se le notan las horas de dedicación y de oficio: desde su apertura a sus símiles, desde su desarrollo hasta su conmovedor cierre. Entre sus capítulos nos iremos por una especie de diccionario generacional, el de los nacidos a finales de los 80 y principios de los 90. Un diccionario generacional donde se une historia, sociología y literatura para ofrecernos una novela notable y de interés.

Diario de Sevilla

Gonzalo Gragera

LA AUTORA

Marta Jiménez Serrano ha pasado por casi todos los procesos que se entrelazan tras ese “objeto perfecto” (como decía Umberto Eco) que es el libro. Estudió Filología Hispánica y cursó un máster de Estudios Literarios y otros de Lettres Modernes en Francia. Ha trabajado en editoriales y colaborado con varias de ellas como correctora y editora. Ha impartido talleres de escritura creativa. Y, por supuesto (no se nos olvida): ha escrito y escribe. Y cómo escribe. En Los nombres propios (Sexto Piso, 2021) y No todo el mundo (Sexto Piso, 2023) podemos zambullirnos en su forma de narrar y aquí, mediante sus respuestas, tenemos la oportunidad de conocerla un poquito mejor. De letras, libros e historias va la cosa.