AUTOR: Alessandro Piperno
TRADUCTOR: Carlos Gumpert
ISBN: 978-84-10178-95-3
Nº DE PÁGINAS: 424
FORMATO: 21,5 x 14 cm
Una novela irónica y tierna que nos muestra cómo el cuidado puede salvarnos de nosotros mismos. La consagración de un escritor en estado de gracia.
A sus cincuenta años, el catedrático y novelista Alessandro Sacerdoti es un misántropo incorregible que atraviesa una profunda crisis vital y profesional. Tras comentar unas citas misóginas de Flaubert durante una clase, es cancelado y apartado de la universidad romana en la que enseña. A la vez, debe hacerse cargo de Noah, el hijo de una prima lejana que se acaba de quedar huérfano; un niño callado y esquivo, precozmente apegado a las tradiciones. Todo lo contrario que su tutor, que lo acoge en su casa e improvisa el papel de padre con resultados más bien torpes. Noah lo enfrenta a sus miedos y contradicciones e, inesperadamente, se establece entre ellos una relación que los transformará a ambos.
Alessandro Piperno sigue los pasos de su protagonista con ironía e irreverencia, pero también con gran ternura, exponiendo magistralmente los claroscuros de la mediana edad en esta novela de la que cuesta separarse, que divierte tanto como conmueve y que lo confirma como uno de los más brillantes novelistas italianos del siglo XXI.
Así comienza:
«Pasados los cincuenta, es tanta la gente que empieza a morirse
a tu alrededor que en un momento dado dejas de prestar exce-
siva atención.
La lástima fue que, esta vez, quien había estirado la pata no era
el carcamal olvidado de turno, sino la chica que había compar-
tido conmigo el último pupitre a la izquierda en el instituto (y, si
aún se me consiente decirlo, algo más gratificante y licencioso).
De mis compañeros de bachillerato, Veronica Gentileschi era la
primera en alcanzar su fecha de caducidad.
Fue Federico Montenuovo quien me informó de la desgracia.
Su voz afable y melodiosa había roto un hechizo que duraba
treinta años: el tiempo que había transcurrido desde la última
vez que la había escuchado».
«Estamos, sin duda, ante el gran cronista de la burguesía contemporánea del Viejo Continente. […] Su ironía brillante, la profundidad emocional y una prosa elegante que convierte el debate contemporáneo en literatura. » Ángeles López (La Razón)
«Basta con leer las dos primeras páginas de esta novela para quedar hechizado.» Florence Noiville (Le Monde des Livres)
«Un homenaje al poder cautivador de la novela y al poder cautivador de la vida.» Ida Bozzi (Corriere della Sera)
«Es una de esas historias que te hacen volver a ese lugar donde lo único que importa es pasar páginas y seguir leyendo.» Annalena Benini (Il Foglio)
«Una novela sensacional. » Jordi Corominas (El Cultural)
SINOPSIS
El peligro de enseñar Flaubert
Alessandro Piperno (Roma, 1972) es un autor guadianesco en nuestro sistema editorial.
Ello conlleva que su obra no pueda entenderse en todo su esplendor. Un claro ejemplo es Aire de familia, notable por sí sola, aunque, en realidad, es la segunda parte de Di chi è la
colpa (2021), inicio de una serie protagonizada por la familia Sacerdoti.
Aire de familia es una novela sensacional por el dominio que tiene su autor tanto de los
mecanismos narrativos como por la forma de brindar temas idóneos para crítica y lectores.
Su primera parte nos presenta un perfil con aroma autobiográfico. El profesor Sacerdoti es un escritor de éxito que enseña literatura francesa en una universidad romana. La vida parece sonreírle pese a la cercanía de su quincuagésimo aniversario, una tontería en comparación con lo que le depara el futuro próximo.
Un buen día recibe una carta del decanato para asistir a una comisión de seguimiento académico. Intenta informarse, pero no da con la tecla justa y se persona al cónclave desnudo,
aunque sin sorprenderse cuando comprueba que una compañera más joven, para más inri
influencer, lo acusa de usar frases misóginas en su asignatura dedicada a Gustave Flaubert.
Por supuesto, Sacerdoti no tiene culpa algu-
na de lo dicho por el escritor, pero en nuestra
época quitar las comillas a lo escrito hace dos siglos es fácil, bien por ignorancia, bien por interés por destrozar a un oponente, como ocurre aquí. La única solución para redimirse y seguir con sus clases es escribir una carta de arrepentimiento.
Al mismo tiempo, Verónica, una muy pía compañera de instituto a la que sobó las tetas por aquel entonces, fallece a punto de cumplir los cincuenta. El funeral es la excusa para repasar, entre antiguos conocidos, errores y vergüenzas, hasta desatar un vendaval porque alguien registra un arrebato verbal del profesor contra la trepa que quiere hundir su carrera.
Con estos elementos tendríamos para un extraordinario documento centrado en la de-
cadencia de los estudios en Europa, los trucos inefables para activar la cultura de la cancela-
ción y el modo de triunfar de ciertos personajes que brillan por su mediocridad, pero Piperno no quería esto con Aire de familia. Por eso, poco después da una vuelta de tuerca y saca e su chistera un billete para encauzar la trama
hacia lo normativo, engañándonos porque el
encuentro con su abogada promete intensas
emociones, que lo serán con un calado bien diferente al previsto.
De repente el pobre Sacerdoti, educado en su
infancia por un tío dandi, se ve casi obligado a hacerse cargo de Noah, un lejanísimo sobrino, huérfano tras el inesperado fallecimiento de su madre a causa de una avalancha en la
montaña.
Como pueden entender, asistimos a una fusión del pasado con el presente. El profesor deviene su tío y Noah el chico potencial profesor. El
primero pasa de ser misántropo y faltón a un encanto feliz por redescubrirse en otra tesitura,
sin duda más humana y clave para superar el camino hacia la vejez con nuevos estímulos. De
ser nada se transforma en padre mientras asiste a la fascinante evolución del joven, envuelta en las contradicciones y rituales del judaísmo, motivo que es una marca de la fábrica Piperno.
Aire de familia tiene un sinfín de ingredientes óptimos. Su primer tramo daría para legar desde lo ficticio un documento sobre lo delirante de estos últimos años. En cambio, por lo dispuesto en su segundo segmento, se opta por caramelizar el relato con estilo, lo que no
es criticable porque cada uno elige lo que quiere y el resultado final se adecua a todos los
públicos.
JORDI COROMINAS
EL AUTOR
Es fácil reconocer a Alessandro Piperno (Roma, 54 años) en una cita en un café de Roma, por su traje y su pipa, aunque confiesa que ha tenido que dejar de fumar, pero aún no puede separarse de ella. Piperno es una figura muy reconocible en el panorama literario italiano desde que irrumpió en 2005 con su primera novela, ‘Las peores intenciones’, un fenómeno editorial. Fue el inicio de un mundo novelesco muy personal, el de las familias judías de la burguesía romana, que destripaba cuidadosa y despiadadamente, con humor y comprensión al mismo tiempo. Siguió indagando en él con ‘Inseparabili’ (Inseparables), que en 2012 ganó el Strega, el premio más prestigioso de Italia. En su última novela ‘Aire de familia’ (@librosdelasteroide), vuelve a retratar esa sociedad y a indagar en los misterios de los lazos familiares. También despliega una sátira de la cultura de la cancelación, con un profesor universitario al que echan por mencionar unas citas misóginas de Flaubert.
P. ¿Cómo explica a un lector extranjero este mundo de los judíos romanos?
R. Es un poco extraño, porque los judíos se dividen en asquenazíes y sefardíes, pero los romanos no pertenecen a ninguna de esas dos categorías, son judíos romanos, la comunidad más antigua después de Jerusalén, llegaron aquí en el 70 d. C., con Tito. Muchos de los platos romanos más famosos son judíos. Alcachofas, la tarta de chocolate con ricotta, zucchine marinadas… No tengo mucho contacto con la comunidad judía romana contemporánea, creo que es mucho más religiosa, pero persiste esa fusión entre Roma y el judaísmo. En mis novelas todas son familias de un tipo bastante específico, crecieron bajo el fascismo y luego, tras la experiencia del Holocausto, en lugar de asimilarlo como hicieron grandes escritores judíos como Natalia Ginzburg y Primo Levi, intentaron, no digo olvidarlo, pero sí sumergirse en una vida mucho más hedonista, ligada al auge económico de los años 50 y 60. Describo esa sociedad burguesa judía que intentó por todos los medios reaccionar a la tragedia con lujo, libertinaje, entretenimiento y sexo.