Delicioso, rural, profundo y sentido, es uno de los libros más exquisitos que he leído este año.
Begoña Alonso
ELLE
Alguna vez me han preguntado de dónde saco mi media de 2,5 horas diarias para leer. Los momentos después de cenar, con mi hijo, y antes de apagar la luz son irrenunciables, pero sin duda el mayor espacio temporal de lectura lo encuentro en el transporte público. Mis desplazamientos a la oficina necesitan de una hora mínimo para la ida y para la vuelta, así que cuando me subo al tren, me dispongo a concentrarme y dejarme llevar por la lectura, que me evade y distrae.
Me ha ocurrido que he leído libros tan adictivos, con los que estaba tan enganchada, que me he llegado a pasar de parada -hablaré de ellos en otra ocasión- pero hoy quiero recomendar una novelita maravillosa, deliciosa, de esas cuya portada te entra por los ojos. Tiene solo 176 páginas y yo me la leí en un solo día, entre la ida y la vuelta al trabajo, completamente fascinada; tanto, que ahora no dejo de recomendarla.
Estoy hablando de ‘Un hermoso día’, de Mollie Panter-Downes (Gatopardo), que salió a la venta poco antes de verano y que es un ejemplo más de todas esas autoras británicas deliciosas de la primera mitad de siglo XX que se están recuperando últimamente, como Sally Carson, Elizabeth Bowen o Dorothy Whipple. A Panter-Downes se le considera una de las maestras de la prosa inglesa, junto a Virginia Woolf, Katherine Mansfield o Jane Howard.
Resurgir tras la guerra… ¿como el ave fénix?
El libro, publicado en 1947, es un extraordinario reflejo de las consecuencias humanas, emocionales, físicas y materiales de la Segunda Guerra Mundial. Como el título indica, transcurre en una sola jornada en la que la autora nos detalla la vida de una mujer y del pueblo en el que vive, que intenta bregar con la desolación de las ruinas a la vez que busca la esperanza en el futuro.
Viajamos al verano de hace 80 años, 1946, hasta el pueblo británico de Wealding, que desde hace unos meses ya no se despierta sobresaltado con las sirenas antiaéreas. La guerra ha terminado, pero las huellas de la contienda siguen ahí: las espirales de alambres de púas, por ejemplo, muestran que todo ha cambiado. Y si no, que se lo digan al matrimonio Marshall, Laura y Stephen quienes, con su hija Victoria, tienen que reaprender a vivir en un entorno transformado, como su jardín lleno de plantas sin cuidar.
En un paseo por el pueblo, Laura se va cruzando con diferentes habitantes del pueblo. Sus conversaciones con ellos y sus reflexiones nos presentan varios temas: las secuelas que no se ven de un conflicto; el cambio social experimentado por la clase media inglesa después de la Segunda Guerra Mundial; una sensación de segundas oportunidades que puede llegar a ser tan opresiva como desconcertante, además de ilusionante…
Es un libro adictivo y delicioso, yo lo devoré en apenas un par de horas y media, pero no pienses que es fácil de leer. Su narrativa es pausada, descriptiva y puede llegar a ser espesa para los estándares de bestseller de hoy (lástima). La exposición que hace de las clases sociales, los prejuicios y la hipocresía es francamente perspicaz.
Lo que más inspirador me resultó de la lectura de ‘Un hermoso día’ es establecer un paralelismo con la situación que vivimos ahora. Con el auge de la ultraderecha y la polarización del pensamiento conservador e insolidario, estamos en medio de una gran convulsión social que puede ser que empeore. Necesitamos que nos recuerden que, en los días más oscuros, podemos y vamos a resistir.