AUTOR: ERNEST HEMINGWAY
TRADUCTOR: CARLOS PUJOL
ILUSTRADOR: RUI RICARDO
ISBN: 9791387752309
PÁGINAS: 384
ENCUADERNACIÓN: TAPA DURA
FORMATO: 15.5 x 21.5 cm
Personaje de vida excesiva digna de una de sus novelas y testigo de incontables guerras, Ernest Hemingway es uno de los narradores estadounidenses más virtuosos del siglo xx. Adiós a las armas es un gran ejemplo de su talento.
El joven Frederic Henry se enrola en la Primera Guerra Mundial como conductor de ambulancias. Herido en Italia, se enamora de su cuidadora, la enfermera Catherine Barkley. Cuando ella le confiesa que está embarazada, ambos deben enfrentarse a un difícil dilema: cumplir con el sentido del deber o decir adiós a las armas.
Narrada con la maestría que lo hizo merecedor del Premio Nobel, Hemingway nos regala la novela definitiva sobre el amor en tiempos de guerra.
“El mundo es un buen lugar, y vale la pena luchar por él, aunque no sea un lugar perfecto.” Frederic Henry
SINOPSIS
Hemingway nació en 1899 en Oak Park, Illinois. Forma parte ya de la mitología del siglo XX, no solo gracias a su obra literaria, sino también a la leyenda que se formó en torno a su azarosa vida y a su trágica muerte. Durante la Primera Guerra Mundial, se enroló en la Cruz Roja. Estuvo en la Guerra Civil española y en otros conflictos bélicos en calidad de corresponsal. En la década de los años 20 se instaló en París, donde conoció los ambientes literarios de vanguardia. Es el autor de ‘El viejo y el mar’, ‘Por quién doblan las campanas’ o ‘Fiesta’. En 1954 obtuvo el Premio Nobel. Siete años más tarde, sumido en una profunda depresión, se quitó la vida.
‘Adiós a las armas’ se publicó en 1929. Es una de las descripciones más certeras y descarnadas de la Primera Guerra Mundial, extensible a cualquier conflicto bélico. Pero también es una maravillosa novela de amor. Como todas las novelas de Hemingway, la puedes leer superficialmente y fijarte solo en la historia, pero cuanto más se profundiza, cuanto más la lees, te das cuenta de todo lo que encierra, de la profundidad de lo que cuenta.
Las semejanzas entre Hemingway y el protagonista de la novela
Como señala Alejandro Gamero, ‘Adiós a las armas’ es el contrapunto a la imagen clásica de Hemingway: ese fornido y áspero tipo que es al mismo tiempo soldado y periodista. No es difícil hacer la identificación entre el propio Hemingway y Frederick Henry, el protagonista de ‘Adiós a las armas’, debido al componente fuertemente autobiográfico de la obra: ambos eran de origen norteamericano, fueron conductores de ambulancias en el ejército italiano, consiguieron la Medalla de Plata al Valor, sufrieron heridas en las piernas y en una rodilla y fueron ingresados en un hospital en Milán donde vivieron una historia de amor con una enfermera.
Según Alejandro Gamero, la derrota contamina el libro en cada una de sus páginas, en cada palabra. Los personajes del libro sirven a Hemingway para exponer su propia teoría sobre las guerras. El pesimismo es absoluto: la guerra no acabará aunque uno de los adversarios cese de luchar, porque es algo que no termina nunca, porque en definitiva, «la guerra no se gana con la victoria».
Como señala Juan David Almeyda Sarmiento, en ‘Adiós a las armas’ se manifiesta el fenómeno del amor tal y como lo construye el filósofo José Ortega y Gasset y se encuentra en la novela una mirada del acto amoroso como una descentralización del sí mismo, en otras palabras, el amor entendido como una gravitación hacia el otro, como el máximo trabajo de la naturaleza para hacer que cada ser humano salga de sí mismo hacia otra cosa o persona.
En su artículo ‘El horror de la guerra’ Javier Reverte señalaba que ‘Adiós a las armas’ sigue siendo un modelo de literatura potente y sencillo. Para muchos, es la mejor novela de Hemingway; para bastantes, el relato que refleja con más crudeza lo que fue la Primera Guerra Mundial; casi todos estamos de acuerdo en que se trata de una de las mejores narraciones bélicas de la literatura.
La historia de amor con una enfermera en plena Guerra Mundial
Hemingway se alistó como voluntario en la Primera Guerra Mundial y mantuvo un romance con una enfermera. Al reponerse, regresó a Estados Unidos y nunca más volvió a encontrarse con aquella mujer, que era algo mayor que él. Esa sencilla historia, que pudo sucederle a muchos otros soldados de aquel cruento conflicto, la transformaría pocos años después el talento del escritor en un magnífico libro sobre el amor, la guerra y la muerte.
Según Javier Reverte, Hemingway se había propuesto desarrollar una escritura donde prevaleciera, sobre el adjetivo y cualquier modo de barroquismo, el valor del verbo y la sencillez en la expresión. A cualquiera que le dieran unas hojas sueltas de esta novela sin decirle quién era el autor reconocería de inmediato el estilo de Hemingway. Es una de las mejores cualidades del escritor: ser distinto y lograr, desde la sencillez y la exactitud un poder evocador.
Cuenta Javier Reverte que la novela retrata la guerra con un punto de vista absolutamente contrario al estilo de reportero-soldado que al escritor le gustaba lucir. ‘Adiós a las armas’ es un libro sobre el horror de la guerra, y aunque el escritor no toma partido directo en su condena, el retrato de ese horror provoca en los lectores un hondo sentimiento de repulsa. La guerra es triste, dura y cruel; la muerte ronda sobre las trincheras y sobre los hombres atemorizados; no hay chulería, en todo caso hay valor, ese coraje para combatir la adversidad que es la suprema cualidad humana en la literatura de Hemingway. Lo dejó claro años después en su novela ‘El viejo y el mar’, que le valió el Premio Nobel: «Un hombre puede ser destruido pero nunca derrotado».
Cadena Ser
EL AUTOR
El 21 de julio de 1899 nacía, en el suburbio de Oak Park, Chicago, Ernest Miller Hemingway, quien estaba llamado a convertirse en uno de los escritores más emblemáticos del siglo XX. Fue el segundo hijo del matrimonio formado por Grace Hall, una cantante y profesora de música, y Clarence Edmonds Hemingway, un médico al que le gustaba cazar y pescar.
Hemingway no tuvo una infancia feliz y eso lo marcaría para siempre. Al suicidio de su padre en 1928 a causa de a una enfermedad incurable se añadió una madre autoritaria a la que le gustaba vestirlo como una niña.
A principios de 1918, tras el estallido de la primera guerra mundial, Hemingway respondió a una campaña de reclutamiento de la Cruz Roja y firmó un contrato para convertirse en conductor de ambulancias en Italia. En esa época conoció al novelista y periodista norteamericano John Dos Passos, con quien mantendría una difícil relación durante décadas.
En su libro Muerte en la tarde, publicado el 23 de septiembre de 1932, describiría los horrores de la guerra tras su primer día en Milán, cuando fue enviado con su ambulancia a rescatar a las víctimas de una explosión en una fábrica de municiones: «Me acuerdo que, después de haber buscado los cuerpos completos, se recogieron los pedazos».
Tras sufrir una grave herida de metralla que le afectó a las dos piernas y someterse a una operación que le obligó a pasar cinco días en un hospital, conoció a Agnes von Kurowsky, una enfermera de la Cruz Roja, siete años mayor que él y de la cual se enamoró.
Cuando fue dado de alta, en enero de 1919,Hemingway regresó a Estados Unidos, pero en marzo Agnes le escribió diciéndole que se había comprometido con un oficial italiano. Según su biógrafo Jeffrey Meyers, Hemingway quedó devastado por el rechazo de Agnes y éste sería el motivo de que en futuras relaciones fuese él quien abandonara a su pareja antes de que pudiera hacerlo ella.
De Canadá a Francia
A través de un amigo de la familia, Hemingway se trasladó a Canadá para convertirse en corresponsal del Toronto Star Weekly. Fue entonces cuando empezó a trabajar como escritor profesional e independiente. En 1920 regresó a Estados Unidos donde vivió con unos amigos sin dejar de lado sus colaboraciones con el rotativo canadiense. También empezó a trabajar como editor asociado en la revista mensual Cooperative Commonwealth.
En 1920, Hemingway conoció a Hadley Richardson, que era la hermana de su compañero de habitación. Se enamoró de ella al instante y más tarde afirmó: «Sabía que ella era la chica con quien iba a casarme«. Tras un breve noviazgo contrajeron matrimonio en 1921 y se fueron a vivir a París.
Durante su estancia en la capital francesa, Hemingway conoció y entró a formar parte del grupo de escritores y artistas modernos conocidos como Generación Perdida, que contaba entre sus filas con personajes de la talla de Gertrude Stein, Scott Fitzgerald, Ezra Pound, Pablo Picasso o Joan Miró. Durante su estancia en París Hemingway publicó Tres relatos y diez poemas,En nuestro tiempo, Aguas primaverales, Fiesta –la obra que le hizo famoso– y Hombres sin mujeres.
En 1925 publicó el libro autobiográfico El río de dos corazones, en el que Hemingway adopta la identidad de Nick Adams, un personaje ficticio que hace un viaje introspectivo por la Naturaleza para encontrar la soledad tras regresar de la guerra.
La Guerra Civil Española y el Premio Nobel
Tras divorciarse de Elizabeth Hadley, se instaló en Cayo Hueso con su nueva esposa, Pauline Pfeiffer. En esta isla del estado de Florida publicaría Adiós a las Armas en 1929, y ese mismo año visitó por primera vez España donde durante su estancia en Pamplona participó en los Sanfermines. Tras un viaje por África en 1933 publicó Las nieves del Kilimanjaro, una novela que refleja la terrible experiencia que vivió tras contraer una disentería amebiana que le causó graves secuelas.
Tras estallar la Guerra Civil española, en 1937 Hemingway aceptó trabajar como corresponsal en el conflicto para la North American Newspaper Alliance. En su estancia en España le acompañó una vieja amiga, la periodista y también escritora Martha Gellhorn, con la que se casaría en 1940.
Martha inspiraría a Hemingway para escribir su obra más famosa, Por quién doblan las campanas. Entre divorcios y unas cuantas bodas más, Hemingway ganó el Premio Nobel de literatura en 1954 «por su dominio del arte de la narrativa, más recientemente demostrada en El viejo y el mar, y por la influencia que ha ejercido en el estilo contemporáneo», en palabras del jurado.
National Geographic