AUTOR: Joseph Conrad
TRADUCTOR: Felipe Morales Anguita
COLECCIÓN: Serie menor
ISBN: 978-84-10171-75-6
PÁGINAS: 72
FORMATO: 10,8 x 16,8 cm
Yanko Gooral, un campesino de los Cárpatos, es arrastrado hasta la costa inglesa después de que zozobre el barco de emigrantes en el que viajaba rumbo a América, donde, engañado por una red ilegal de emigración, aspiraba a labrarse un próspero porvenir. Tras el hambre, el frío, el estupor y la desesperación que sufre durante el naufragio, los habitantes del pequeño pueblo al que llega, presos del irracional pavor que les infunde la otredad de ese extranjero que no habla una sola palabra de inglés, lo reciben con hostilidad: lo apedrean, lo encierran en un cobertizo y lo tildan de demonio o de lunático. Sólo Amy Foster, una joven poco agraciada y tarda de pensamiento, intenta poner fin a su aislamiento mostrándole misericordia. Pero ¿podrán el amor y la compasión salvar a Yanko de su infinito desamparo? Conrad nos brinda una descarnada novella de tintes autobiográficos sobre la infranqueable soledad y la incomprensión a las que, aún hoy en nuestras sociedades –supuestamente civilizadas–, abocamos a cualquiera que sea diferente.
SINOPSIS
«Amy Foster» es el título de uno de los cuentos más conocidos de Joseph Conrad, escritor de origen polaco (nombre de pila: Józef Teodor Konrad), naturalizado inglés. En él, habla sobre sus propias experiencias como marino y como inmigrante, reflejando lo que significa ser un extranjero en tierra extraña. Para ello se apoya en la ficción autobiográfica y en el personaje de Yanko Goral, un forastero de Europa central que sobrevive a un naufragio y llega a costas inglesas «con una mano por delante y otra por detrás». Es decir, sin recursos, sin contactos, sin conocer el idioma y sin siquiera saber en dónde se encuentra.
La inmigración es un fenómeno tan común que solemos olvidar su naturaleza trágica: el inmigrante sacrifica su libertad y sus derechos, poniendo en riesgo su vida y sufriendo el desamparo de sus semejantes. El hombre pobre que huye de su país (ya sea por extrema necesidad o cegado por un sueño quimérico de riqueza o libertad) tendrá que viajar en condiciones infrahumanas, tendrá que soportar el hambre y el embate del clima, y tendrá que sortear el acecho de bandidos y otros criminales, quienes buscarán aprovecharse de su indefensión para explotarle o esclavizarle. Nadie respeta sus derechos; a nadie le interesan sus orígenes, ni sus creencias. En el mejor de los casos, si logra llegar con bien a su destino, tendrá que enfrentar un medio hostil que le exigirá adaptarse de inmediato al idioma, a la cultura, a la religión y las leyes del país al que llega.
El titulo de «Amy Foster» ilustra el nombre de la única persona capaz de tender la mano al inmigrante Yanko, verdadero protagonista de la historia. Algunas sinopsis sugieren que este cuento narra una historia de amor (En efecto, la versión fílmica convierte este cuento en una historia de amor incomprendido). No obstante, yo lo encuentro más bien como una obra de denuncia social, capaz de hacernos reflexionar sobre la forma como algunos seres humanos nos comportamos en relación con los extranjeros. Joseph Conrad nos habla sobre la incomprensión, el recelo y la ignorancia de la gente que se deja dominar el miedo a lo desconocido. En estos tiempos en que la inmigración resurge con fuerza, leer «Amy Foster» resulta muy provechoso.
Mi encuentro con la Literatura
EL AUTOR
Joseph Conrad (1857-1924) nació en Berdíchev con el nombre de Józef Teodor Konrad Korzeniowski. Gracias a su padre, patriota polaco, poeta y traductor de Shakespeare, Conrad se inició en la lengua inglesa cuando sólo contaba ocho años. Huérfano y atediado, en 1874 partió rumbo a Marsella con el fin de hacerse a la mar. Tras un fallido intento de suicidio en 1878, desembarcó en Inglaterra, donde, durante dieciséis años, serviría en la marina mercante, un trabajo que lo llevó a tierras lejanas y le inspiró algunas de las obras maestras de la literatura universal, como La locura de Almayer (1895), El corazón de las tinieblas (1899), Lord Jim (1900) o Amy Foster (1901).