Así viví 1900

20,50  IVA incluido

AUTORA:                        Pauline de Pange

TRADUCTORA:              Vanesa García Cazorla

FORMATO:                      14 x 21,5

NÚMERO DE PÁGINAS: 208

ISBN:                                979-13-87597-26-9

Así empieza:

«Nací en febrero de 1888, mientras se excavaban en el Champ-de-Mars los cimientos de un edificio que, aun siendo poco estético, era el símbolo de los nuevos tiempos. Tengo la misma edad que la Torre Eiffel, una edad moderna donde las haya y, sin embargo, nada era menos «moderno» que el entorno en el que viviría. Pertenecía a un mundo que, por principio, iba por detrás de su siglo, y mi familia, debido a un exceso de tradición, estaba a su vez a la zaga de las costumbres de su casta. En muchos aspectos, en casa seguíamos viviendo como en el siglo xviii. Mi abuela materna, cuya influencia era dominante,tenía una relación directa con el Antiguo Régimen. Sus padres habían nacido varios años antes de la Revolución de 1789. Por parte paterna, mi abuelo, el duque Albert de Broglie, encarnaba todavía, pese a su reciente papel político en los albores de la «República de los Duques», a la Francia anterior a 1848. No reparé en todo esto sino más adelante, pero aquellas remotas fechas me eran familiares y aquel pasado no me era indiferente».

«Con una sencillez encantadora, un agudo sen­tido del humor y una visión siempre humana, De Pange pinta un retrato de su sociedad cuyos colores perduran. En cierta medida, comple­menta y perfecciona la obra de Marcel Proust. Proust observaba la sociedad parisina principal­mente desde fuera. Ella la veía desde dentro». Revue des Deux Mondes

Editorial

ERRATA NATURAE

SINOPSIS

Tataranieta de madame de Staël y sobrina de la condesa de Ségur, Pauline de Pange —de soltera, De Broglie— nació el día en que empezaron a construir la Torre Eiffel y conoció un mundo más cercano al siglo XVIII que al nuestro. Una época y un entorno rebosantes de felicidad y privilegios: inviernos en París en grandes mansiones; juegos, carruajes tirados por caballos, veladas suntuosas; veranos interminables en Dieppe, las casas de campo, los pícnics, los bailes…

En efecto, en este libro de memorias De Pange retrata la sociedad aristocrática de la Belle Époque con gran humor y sutileza, y resulta sencillamente cautivador. En él nos revela, además, su propia trayectoria como mujer de un tiempo en el que, por lo general, pocas mujeres aprendían a escribir. Podría decirse incluso que su relato es una piedra angular de la historia y un complemento indispensable para la lectura de Proust, un testimonio insustituible de una intimidad aristocrática que él, genial advenedizo, sólo podía intuir.

De Pange también fue testigo del nacimiento del automó­vil, así como de la sorpresa, la fascinación o el rechazo que generó entre sus contemporáneos. De igual modo, presen­ció los inicios del cine y del teléfono, y cómo estas nuevas tecnologías llegaron a la vida cotidiana de la alta sociedad, revolucionando tantas costumbres. Compartiendo sus entrañables recuerdos, describe el servicio doméstico, la comida y los rituales en torno a la mesa, la vestimenta, los códigos sociales, la educación, los baños de mar, la escolarización, el caso Dreyfus… Gracias a su escritura precisa y placentera, a su inteligencia, sensibilidad y prosa exquisita, ese mundo, ahora desaparecido, cobra vida ante nuestros ojos. Con una mirada tierna, irónica y a la vez cómplice, la niña de aquella época nos tiende la mano y exclama: «Sí, ese mundo existió, ese mundo de ayer sigue siendo nuestro, ¡y qué alegría sumer­girnos en él!». Era 1900.