Cambiar el agua de las flores

20,00 € IVA incluido

UNA NOVELA CELEBRADA Y LEÍDA EN TODO EL MUNDO

«Leer esta novela es como flotar en plena felicidad.» Elle

UNA MUJER INOLVIDABLE QUE APRENDE A RECONSTRUIRSE A TRAVÉS DE LAS COSAS SIMPLES.

 

Autor/a Valérie Perrin
Traductor/a Paz Pruneda
Colección Nefelibata
Encuadernación Rústica con solapa
Fecha de publicación 01/06/2026
ISBN 9791388042225
Páginas 464

Violette Toussaint es la guarda del cementerio de un pequeño pueblo de Borgoña. Visitantes ocasionales y habituales acuden a la casa de esta mujer luminosa y de gran corazón a resguardarse del frío, compartir confidencias y reconfortarse con el café que ella les ofrece, entre risas y lágrimas. Su vida transcurre al ritmo de esas historias íntimas y sus días parecen destinados a ser así para siempre. Pero, de repente, todo cambia. Un policía llegado de Marsella se presenta con una extraña petición: su madre, recientemente fallecida, había expresado el deseo de ser enterrada en aquel remoto pueblo, en la tumba de un hombre a quien él no conoce. A partir de ese momento, los acontecimientos toman un giro inesperado: emergen vínculos hasta entonces ocultos entre vivos y muertos, y algunas almas que parecían sombrías se revelan, en realidad, llenas de luz

Tras la extraordinaria acogida de Tatá, llega la intensa historia de una mujer que, pese a las pruebas de la vida, sigue creyendo obstinadamente en la felicidad. Con su tan singular talento para hacer excepcional lo ordinario, Perrin crea, alrededor de Cambiar el agua de las flores, un mundo lleno de poesía y humanidad.

«Un libro que nos deja entre la risa y las lágrimas.» Lire

«Una novela que nos devuelve la esperanza.» Booklist

«Los giros de esta historia son inesperados y provocan en nosotros un carrusel de emociones. Y la vida sucede, indulgente, de la mano de una autora de una elegancia estilística notable.» The Guardian

«Un libro que nos recuerda —como solo Valérie Perrin puede hacerlo— que el verdadero amor perdura. Qué gran novela.» Paris Match

«Una autora capaz de transformar lo aparentemente ordinario en un relato inolvidable.» laSexta

«El gran fenómeno literario francés.» Infobae

«Un libro hermoso, intensamente atmosférico, un sueño agridulce.» Matt Haig

Editorial

DUOMO

SINOPSIS

No esperaba encontrar tanta vida dentro de un cementerio.

Esa fue la sensación que me acompañó durante buena parte de la lectura de Cambiar el agua de las flores. Cuando uno piensa en una novela ambientada entre tumbas, cruces y despedidas, imagina una historia sombría. Sin embargo, Valérie Perrin consigue algo mucho más difícil: convertir ese escenario en un lugar profundamente humano, lleno de recuerdos, encuentros, secretos y emociones que siguen latiendo mucho después de cerrar el libro.

La encargada de guiarnos por ese universo es Violette Toussaint, guarda de un pequeño cementerio de Borgoña. Desde las primeras páginas se siente como una persona real. Atiende a los visitantes, escucha sus historias, ofrece café a quien necesita compañía y observa cómo la vida continúa incluso en un lugar asociado a la muerte. Hay una calidez especial en ella que hace muy fácil conectar con su historia.

Todo cambia cuando un policía llegado de Marsella aparece con una petición inesperada relacionada con el último deseo de su madre. A partir de ese momento comienzan a surgir preguntas, recuerdos y conexiones ocultas que empujan la novela hacia territorios mucho más complejos de lo que parecía al principio.

Uno de los mayores aciertos de Valérie Perrin es la construcción de la trama. La historia avanza a través de diferentes tiempos y múltiples personajes cuyas vidas terminan entrelazándose. No es una lectura que pueda abordarse con prisas. Requiere atención porque constantemente saltamos entre momentos distintos y descubrimos nuevas piezas del rompecabezas. Sin embargo, cuando todo empieza a encajar, la satisfacción es enorme.

Violette es el corazón de la novela. Es amable, trabajadora, generosa y también imperfecta. Sus defectos, sus dudas y las heridas que arrastra la convierten en un personaje extraordinariamente creíble. A medida que conocemos su pasado comprendemos mejor la mujer que tenemos delante y las razones que la han llevado hasta ese pequeño cementerio.

La novela aborda temas como el duelo, la pérdida, el matrimonio, la maternidad, la memoria y la capacidad de reconstruirse después de una tragedia. Perrin no ofrece respuestas fáciles ni discursos grandilocuentes. Prefiere mostrar cómo cada persona encuentra su propia manera de convivir con el dolor. Por eso muchas de las emociones que aparecen aquí resultan tan auténticas.

También me ha gustado que, pese a la carga dramática de algunos acontecimientos, el libro nunca pierde la esperanza. La autora parece empeñada en recordarnos que incluso en los momentos más difíciles siguen existiendo pequeños refugios: una conversación, un recuerdo, una amistad inesperada o un gesto de cariño. Esa mirada es probablemente lo que convierte esta historia en algo tan especial para tantos lectores.

La prosa acompaña perfectamente el tono de la novela. Todo transcurre con calma, sin prisas. Hay una voluntad clara de detenerse en los detalles cotidianos y de conceder importancia a personas que normalmente pasarían desapercibidas. Esa lentitud puede no convencer a quienes buscan una trama vertiginosa, pero resulta fundamental para la atmósfera que Perrin construye alrededor de sus personajes.

Al terminar el libro tuve la sensación de haber convivido durante unos días con todas esas vidas cruzadas, con sus alegrías, sus pérdidas y sus secretos. Y eso no ocurre tan a menudo. Cambiar el agua de las flores habla de la muerte, sí, pero sobre todo habla de quienes siguen adelante. De quienes tropiezan, se rompen y, aun así, encuentran la forma de volver a creer en la felicidad.

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LA AUTORA

«Cuando escribes una primera novela no sabes siquiera si alguien va a publicarla. La segunda la escribí pensando que era una historia un poco loca. Una guardiana de cementerio… ¿Quién iba a querer leer eso? Y, de repente, ¡bum!». Valérie Perrin (Remiremont, 1967) acompaña la exclamación con una sonrisa entre divertida e incrédula, como si todavía le costara aceptar lo ocurrido. Quizá porque pocas trayectorias recientes en la literatura europea han sido tan fulgurantes como la suya. Llegó a las librerías en 2015 después de una larga carrera vinculada al cine, la fotografía y el trabajo como guionista junto a Claude Lelouch, y una década y cuatro novelas después suma más de ocho millones y medio de ejemplares vendidos en todo el mundo.

Traducida a 40 idiomas, convertida en un fenómeno editorial en países tan distintos como Italia, Brasil o España, además, claro, del suyo, la escritora francesa ha construido un universo reconocible que encuentra lectores con una facilidad poco común. Ahora, mientras Tatá, publicada por Duomo el pasado agosto continúa arrasando entre los lectores españoles, llega traducida Cambiar el agua de las flores, la novela que la convirtió en 2018 en una autora internacional y que conserva intacta la capacidad de emocionar.

No deja de resultar paradójico que el libro que cambió su vida transcurra casi íntegramente en un cementerio. Violette Toussaint es la guardiana de un pequeño camposanto de Borgoña que recibe a las familias, cuida las flores, escucha confidencias, prepara café para quienes llegan a visitar a sus muertos y observa cómo el dolor va transformándose lentamente en recuerdo. La aparición de un comisario de policía que intenta cumplir la última voluntad de su madre desencadena una investigación que irá revelando las heridas ocultas de todos los personajes y, sobre todo, de la propia Violette. Pero bajo esa intriga sentimental Perrin levanta una novela sobre la memoria, la pérdida y la posibilidad de seguir viviendo después de la tragedia.

Curiosamente, ella nunca la define como una novela sobre la muerte. «No trata sobre el duelo, sino sobre vivir. Vivir mientras puedes andar, sentir, querer, compartir. Eso fue lo que más me enseñó escribir este libro. Mucha gente cree que habla de la tristeza, pero cuando termina de leerlo lo que quiere es llamar a las personas que quiere, hacer las paces con alguien, irse de vacaciones con sus hijos, aprovechar cada instante. Porque nunca sabes lo que puede pasar. La vida es algo tan efímero… Basta con que un día recibas una llamada diciendo que alguien ha muerto para, de repente, comprenderlo todo».

Andrés Seoane

El Mundo