AUTORA NORA EPHRON
TRADUCCIÓN CATALINA MARTÍNEZ MUÑOZ
ISBN 978-84-10178-93-9
Nº DE PÁGINAS 176
FORMATO 12,5 X 20 CM
Leer un libro de Nora Ephron es como sentarse a cenar con una buena amiga. En sus
páginas encuentras un menú de ingenio inconfundible repleto de divertidísimos análisis
sobre casi todo, desde su aversión a los bolsos y a las arrugas hasta jugosas indiscreciones
sobre su vida amorosa. En esta antología de textos inéditos en español, Ephron nos enseña,
entre otras cosas, a ser los anfitriones perfectos sin morir en el intento, nos ilustra en el arte
de preparar un buen sándwich, nos relata su cambio de imagen radical y se burla de las
revistas femeninas, pero también medita sobre los gajes de su oficio: «Trabajar de
periodista es exactamente lo mismo que ser la fea de la orgía. Siempre me da la sensación
de estar en un evento increíble, donde todos se lo están pasando en grande (…) mientras yo
me quedo al margen, tomando notas de todo».
Con una ironía y una honestidad desarmantes, este libro confirma una vez más que Nora
Ephron es una observadora única de la vida moderna y, sin duda, una de las mejores
compañías literarias que uno puede tener.
«Cada palabra de Nora Ephron vale su peso en oro, pulida a mano y lentamente escogida como aguja en el pajar. » Laura Revuelta (ABC Cultural)
«Podía escribir de lo que fuera: sus pechos, sus fantasías sexuales, sus exjefes… Ephron hizo un arte del escribir con gracia y ligereza sobre los temas más duros y profundos.» Leticia Blanco (El Mundo)
Empieza a leer:
«La fea de la orgía
Hace algunos años, el hombre con el que estoy casada me dijo que siempre había tenido unas ganas locas de ir a una orgía. ¿Por qué narices?, le pregunté. ¿Por qué no?, me contestó. Porque sería como esos bailes de la Asociación de Jóvenes Cristianos a los que iba a mis doce o trece años, le expliqué, solo que en este caso en vez de pasar a mi lado e ignorarme, la gente pasaría por encima de mi cuerpo desnudo y me ignoraría. Esta imagen no impresionó a mi marido en
lo más mínimo. Pero a mí se me ha quedado grabada, aunque en otro contexto: trabajar de periodista es exactamente lo mismo que ser la fea de la orgía. Siempre me da la sensación de estar en un evento increíble, donde todos se lo están pasando en grande, riendo, comiendo, bebiendo, echando un polvo en algún rincón secreto, mientras yo me quedo al margen, tomando notas de todo».
SINOPSIS
«Hay muchas definiciones de periodismo, a las que ahora hay que sumar esta de Nora Ephron: «Trabajar de periodista es exactamente lo mismo que ser la fea de la orgía». O sea: la que se queda tomando notas en una esquina, al margen de todo; estando, pero sin participar. Lo dice en el primer texto de ‘Gente a cenar’, una nueva antología de artículos inéditos en español que ofrece el menú de siempre: anécdotas rocambolecas (un multimillonario que rompe un Picasso en Las Vegas), situaciones tragicómicas (un verano en East Hampton), autoparodia (su cambio de imagen patrocinado por ‘Cosmopolitan’) y costumbrismo femenino (por qué las cenas con amigos tienen que ser en mesas redondas, cuál es el mejor menú frío para servirles, y así).
Ephron escribe con ironía, ligereza y esa actitud de yo solo pasaba por aquí para reírme, no para llorar por Vietnam. «A mí me preocupa que haya una guerra en Indochina y me manifiesto contra ella; y me interesa que haya un movimiento de liberación de la mujer y me manifiesto a favor. Pero también voy al cine sin parar, y a la peluquería una vez por semana, y preparo la cena todas las noches y me paso horas delante del espejo intentando que mis ojos parezcan simétricos (…) La mayor parte de mi vida sigue su curso intrascendente a pesar de los grandes acontecimientos», afirma. Es fácil, leyéndola, pensar en Fran Lebowitz o en nuestra Milena Busquets. Como ellas, prefiere tener gracia a tener razón, y es capaz de sacrificarla por una buena frase. Quiero decir que Nora Ephron no era la fea de la orgía: ella protagoniza buena parte de las historias que escribe, aunque mire con la ironía de quien no pertenece del todo al mundillo en el que se mueve. Y la invitaban a muchas orgías.
LA AUTORA
En 1989, cuando se estrenó Cuando Harry encontró a Sally, la mayoría de los millennials todavía éramos demasiado pequeños para saber quién era Nora Ephron. Por suerte, la comedia romántica que contaba la historia de amor entre Meg Ryan y Billy Crystal (y que convirtió a Katz’s en uno de los restaurantes más visitados de Nueva York) se emitió a partir de entonces en la televisión en numerosas ocasiones, permitiendo que los más jóvenes tuviésemos la posibilidad de conocerla (y amarla).
Algo así le ocurrió a la escritora Leticia Vila-Sanjuán, que se encontró con el talento de Ephron después ver “la comedia romántica más perfecta que existe”. Pero ella no fue la única que se quedó embelesada con los diálogos adelantados a su tiempo de esta rom-com generacional. Rocío Quillahuaman, humorista, ilustradora y escritora, se encontró con ella sin quererlo; en una clase de ‘Narrativa audiovisual’ en la universidad. “No me gustaban ni esa asignatura ni ese profesor; descubrir la película fue lo único bueno que me pasó en cuatro años de carrera», admite. «Esa semana, busqué el nombre de Nora Ephron en Google y después fui a la biblioteca a buscar todas las películas que tuviesen alguna relación con ella”.
Lo que Quillahuaman estaba a punto de descubir era que la estadounidense tenía un gran bagaje como guionista y directora: Tienes un e-mail o Sleepless in Seattle (que en nuestro país se tradujo como Algo para recordar), estaban dirigidas por Ephron, y ambas volvieron a contar con la presencia de Ryan, esta vez, junto a Tom Hanks. Por no hablar de otros títulos más tardíos, pero igual de relevantes, como Colgadas, Embrujada o Julie y Julia. Pero Ephron, que en España sigue siendo relativamente desconocida, también fue periodista y una ensayista con un humor muy afilado. Patricia Bolaños, ilustradora, residente en Nueva York, y la encargada de dibujar a la autora para la portada de No me acuerdo de nada, que saldrá a la venta el próximo 6 de junio en la editorial Libros del Asteroide, se encontró con su faceta de escritora por casualidad.
“Allí es muy típico que la gente deje los libros que ya no quiere en cajas, a las puertas de sus casas. Hace cinco años tuve la gran suerte de encontrarme con un ejemplar de I Feel Bad About my Neck. Conocía la faceta de guionista de Nora, pero no sabía nada sobre su carrera periodística; me hizo gracia la portada y me lo llevé a casa», recuerda la ilustradora. «Desde la primera página, me quedé maravillada con su ingenio y su manera de contar las cosas. Me sentía completamente identificada con cada tema que tocaba”. Para Bolaños, aquel fue el momento perfecto para encontrarse con ella pues, como Ephron, también empezaba a cuestionarse qué era exactamente eso de ser mujer y todo aquello relacionado con el envejecimiento. Hace algunos días, la ilustradora dedicó una de sus tiras cómicas en su cuenta de Instagram a las cosas que le hubiera gustado haber sabido (antes) y que después le enseñó la neoyorquina.
Vila-Sanjuán, también vecina de la Gran Manzana, se encontró con este libro en la época en la que estaba viendo la serie Girls. “Por aquel entonces, leí Heartburn, la novela en la que ficcionalizó el fin de su matrimonio, porque ella era una figura mentora para Lena Dunham. Pero no fue hasta que conocí su primer libro de ensayos personales, I Feel Bad About My Neck, cuando me obsesioné verdaderamente con sus escritos. El cuello no engaña [descatalogado en español] tiene la capacidad de hacerte reír y hacerte llorar, y relata todo lo femenino desde un punto de vista que mezcla feminismo y frivolidad que me encanta.” A Quillahuaman también le atrajo su sentido del humor. “Cuando leí sus libros, lo que más me impresionó fue su agudeza. Persigo esa agudeza desde entonces; esa manera de contar las cosas con ingenio y mala leche, pero una mala leche divertidísima. Pero, sobre todo, la manera en la que puede convertir una experiencia horrible en algo gracioso». Como Ephron, que también escribió obras de teatro, la humorista e ilustradora también ha perfeccionado el arte de transformar la ansiedad en fuente de risas»
Alexandra Lores
Vogue