Indigno de ser humano

24,00  IVA incluido

AUTOR:                 Osamu Dazai

TRADUCTORES:   Isami Romero Hoshino y Ednodio Quintero

ISBN:                     978-84-19035-76-9

PÁGINAS:              240

DIMENSIONES:    130 X 200 mm

Encuadernación tapa dura simil tela con cinta de seda

«Indigno de ser humano» es la obra maestra de Osamu Dazai, una novela inquietantemente personal que explora los abismos de un alma autodestructiva.

Su protagonista Yōzō, autorretrato crudo y revelador del propio Dazai, narra en primera persona las circunstancias de su vida desde su nacimiento en una familia de la aristocracia rural hasta su ruina y decadencia en Tokio. Un periplo vital que es un viaje sin retorno a través las sombras de la alienación, la adicción y la búsqueda incesante de identidad y que lleva a Yōzō por sombríos callejones, antros de mala muerte y sórdidos rincones de la ciudad para acabar hundido sin remedio en el foso de la autodestrucción.

Mientras Yōzō busca consuelo y comprensión en un mundo que le resulta a la vez indiferente e implacable, Dazai elabora una narrativa que trasciende fronteras y sondea con amarga intuición los temas universales de la desesperación, el aislamiento y la angustia vital.

La inquebrantable exploración de Dazai de la condición humana hace de «Indigno de ser humano» una obra atemporal que resuena en lectores de generaciones enteras.

Editorial

SATORI

SINOPSIS

Indigno de ser humano narra, con un estilo llano y delicado, carente de descripciones y centrado en las acciones, el declive como persona de Yozo, un joven de provincias que marcha a la ciudad a estudiar pero acaba cayendo en el alcoholismo y la adicción a la morfina, incapaz de mantener una relación coherente ni sana ni con mujeres ni con allegados.

La obra tiene mucho de autobiográfico, pero también de premonitorio: sobre los intentos de suicidio literarios de Yozo, incluido el intento de ahogarse en el río con su mujer, se suma la realidad de la muerte de Osamu Dazai. En 1948 —poco antes de cumplir los treinta y nueve años— se suicidó con su amante en Tokio arrojándose a un canal del río Tama. Fue el último de los cuatro intentos que había llevado a cabo a lo largo de su vida. Así, la obra tiene la forma de un grito silencioso, oculto entre las páginas; tal vez incluso una petición de ayuda.

La estructura de la novela es, cuando menos, curiosa. A su habitual uso de la primera persona (en el caso de El declive era también una joven de provincia en una familia venida a menos que trata de encontrar una huida a su estancamiento personal y emocional), en esta ocasión se suman un prólogo y un epílogo, redactados por una tercera persona que encuentra tres fotografías. Son tres instantáneas de Yozo —aún no sabe que se trata de él— en tres momentos de su vida: infancia, juventud y madurez. El análisis que hace de estas fotografías en el prólogo deja clara una idea que se repetirá constantemente a lo largo de la novela: la relación constante entre carácter y físico. Para Dazai, las acciones de un hombre, el camino escogido, quedan reflejados de forma evidente en sus rasgos faciales. No sólo en el caso de labores o profesiones físicas, sino también en las elecciones morales —a la manera en que hablaba en esos mismos términos Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray—.

[…] adquirí, sin advertirlo, un cierto aspecto repugnante del que no podía librarme, una especie de inesperado fruto de mi forma de vivir, que poco a poco se hizo visible hasta que el propio Horiki me lo hizo notar, dejándome estupefacto y disgustado.

A continuación vienen tres cuadernos —el tercero dividido en dos partes— en los que es el propio Yozo quien narra sus vicisitudes. En el primero se centra en su infancia y es en el que declara con mayor claridad el objeto de sus textos: denunciar una sociedad que al margen de su apariencia está podrida por dentro, de la que no se siente parte y que encuentra ajena y extraña. Tal vez debido a abusos que ha sufrido —que solo menciona de forma puntual sin entrar en detalles, como si fuera una zona de su pasado bloqueada en su mente—, Yozo describe su vida como un infierno del que puede escapar y al que hace frente a través del humor: se convierte en un bufón.

Mi idea de alguien respetado consistía en una persona que había logrado engañar casi a la perfección a los demás pero que, al ser visto por un ser omnisciente y omnipotente, era humillado en una vergüenza peor que la muerte.

En la segunda parte Yozo ya está en la ciudad y su camino de descenso a la marginalidad acaba de comenzar. Una falta de deseo de cumplir con las expectativas que se han fijado en él —terminar sus estudios académicos superiores—, unido a una situación de desamparo y soledad le llevan a iniciar una escalada de malas decisiones en las que el infierno que hasta ahora sólo se manifestaba en su mente se hace realidad de la peor forma posible. Un descenso que parece no tener fin y en el que se hace patente la incapacidad del protagonista no solo de entender a los demás, sino también su propia incapacidad de auto análisis.

La sociedad no te lo va a permitir. Pero no es la sociedad, ¿acaso no serás tú? Si te comportas así, la sociedad te va a castigar. Mas no será la sociedad, serás tú, ¿verdad? La sociedad te enterrará en el olvido. No la sociedad, tú lo harás.

En el tercer y último cuaderno, la reiteración hace presencia y continúa el descenso a lo más profundo de la ruindad humana. Pero, a diferencia de la biografía del propio Dazai, en el epílogo el narrador principal ofrece una chispa de esperanza, una ventana abierta a la salvación del hombre.

Indigno de ser humano es una obra muy autobiográfica, pero escrita con el arte suficiente y un cierto distanciamiento metal que permiten disfrutar de ella sin tener en consideración la vida de su autor, aunque conocida esta, las similitudes funcionan por acumulación. Tal vez Dazai también aspiraba a encontrar una luz, un motivo para continuar con su vida.

Es una obra dura y revestida de una gran dureza, que duele e invita a reflexionar sobre la propia vida, sobre el nivel de aislamiento del resto de la sociedad y las motivaciones que nos arrastran. Descarnada y carente de matices que suavicen el mensaje, es una obra de carácter universal que bien  merece el —breve— tiempo necesario para atravesar sus páginas.

Relatos en construcción

EL AUTOR

¿Quién era Osamu Dazai? Su verdadero nombre era Shūji Tsushima, nació en Kanagi, Aomori, en 1909 y fallecido en Tokio en 1948. Con una infancia no muy feliz a sus espaldas, se vio envuelto a lo largo de su vida en numerosos eventos que lo moldearon como persona e influenciaron en gran medida la manera en que concebía el mundo: problemas con su familia, una alma inquieta y desarraigada que lo empujó a enrolarse en el Partido Comunista de Japón, una condición de salud delicada, el proceso de lidiar con la Segunda Guerra Mundial y ver su hogar destruido dos veces… Muchas de estos elementos salpican su vida, aportando pinceladas pintorescas, únicas y transgresoras. Sin embargo, y desafortunadamente, lo que más llama la atención de su biografía son las tentativas de suicidio. Llegó a intentarlo cuatro veces, algunas de ellas acompañado de sus amantes, y finalmente acabó con su vida a los 39 años tirándose por un puente, junto a una amante y admiradora.

Además de dejar atrás a su mujer y tres hijos en una difícil situación económica, el legado de este escritor es una producción literaria peculiar, con obras que constituyen hoy en día un icono de la literatura japonesa moderna, tales como La mujer de Villon, El ocaso o Indigno de ser humano. Si tenemos en cuenta el tono e historias reflejadas en estas obras, podemos concluir que Dazai sentía un desarraigo enorme ante su familia, la sociedad tradicional y su propia existencia. Estos sentimientos hicieron que, en los años de posguerra, la juventud japonesa encontrase en los escritos del autor, caracterizados por un humor oscuro, ingenio agudo, un vocabulario directo, sinceridad pura y tono —presuntamente— autobiográfico, un símbolo de rebeldía ante lo establecido. Además, toda su obra rompe con la tradición japonesa de forma y temática, resultado de una gran influencia de la literatura francesa y rusa —siendo esto explícito en las ocasionales referencias a autores occidentales como Dostoievski y Van Gogh—. Leer a Osamu Dazai puede transportarte a un ambiente privado, donde él relata sus vivencias y preocupaciones en el salón de su casa o en un bar en el que estáis los dos solos tomando algo.

Buscar o teorizar sobre las razones por las que una persona puede decidir acabar con su vida o los pensamientos que le llevan a intentarlo hasta cinco veces es una tarea complicada y, en muchos casos, imposible. Con todo, gracias a la actitud autobiográfica de muchas de sus obras, se puede llegar a tener una idea del origen de la visión de Dazai de la vida. Ya en el título de su última obra finalizada —pues Goodbye la dejó inconclusa— podemos inferir una de las razones: Indigno de ser humano.