AUTORA: Ilja Leonard Pfeijffer
TRADUCTOR: Gonzalo Fernández Gómez
ISBN: 978-84-19958-58-7
EDICIÓN: 2ª
ENCUADERNACIÓN: Rústica cosida
FORMATO: 13 x 21 cm
PÁGINAS: 112
¿Basta con aceptar las cosas como son para sentirse satisfecho? Carmen, lectora empedernida, aún no lo tiene claro. Tras una vida decepcionante viajando por el mundo como mujer florero de un diplomático fracasado, trata de dotar sus días de sentido ejerciendo de voluntaria en una biblioteca pública. El recuerdo fortuito de unas vacaciones que pasó en el Mediterráneo cuando era adolescente, en las que descubrió el amor, la lleva a embarcarse en un viaje a Italia para poner el broche final a una historia incompleta y, así, dar forma literaria a su pasado. Magistral novela sobre la importancia de la fabulación, ya sea en las páginas de un libro o en la propia biografía, Monterosso mon amour es una auténtica oda a los letraheridos que hacen de su vida literatura.
«Leonard Pfeijffer ha creado en Monterosso mon amour una pieza literaria perfecta, una filigrana narrativa donde encontramos, además de una historia humanamente sencilla y profunda, todos los grandes ingredientes que hacen de la ficción una de las mejores razones para seguir leyendo».
Lourdes Toledo, El Diario
«En un tiempo donde lo literario parece demandar o la espectacularidad o la miseria, Pfeijffer entrega una novela serena, que apuesta por lo íntimo, lo irónico y lo bello. Monterosso mon amour es, en definitiva, una celebración de la literatura como forma de resistencia ante el tedio y la pérdida, y confirma a Pfeijffer como una de las voces más lúcidas de la narrativa europea contemporánea».
Ana Calvo, El Debate
«Un libro de apenas un centenar de páginas que, sin embargo, contiene más verdad y emoción que muchas sagas de mil. Una joya literaria que toca el alma sin necesidad de alzar la voz, un artefacto literario perfecto».
David Lorao
«Monterosso mon amour es una hermosa y breve novela sobre la búsqueda del sentido de la vida, sobre la culpa, sobre la deformación que sufren los recuerdos, y muestra la pericia narrativa y la capacidad de asombrar y emocionar de un Pfeijffer que es también poeta».
Fulgencio Argüelles, El Comercio
«Un relato maravilloso, narrado con un afán incontenible de contar historias profundas y llenas de sentido del humor».
Mercurio de Múnich
«Un texto hecho desde la emotividad y la ternura, delicadamente escrito y de una esclarecedora vigencia».
Publishers Weekly
SINOPSIS
Carmen es una lectora vocacional, pero no conforma con su vida sea una sucesión de obras leídas. Ha sido librera, pero dejó esa dedicación para seguir a su marido, diplomático. Pensó en su día que la vida de la diplomacia sería una sucesión de aventuras, un rosario de experiencias en paises exóticos que llenarían su existencia con una pasión de perfumes intensos. No tiene hijos. Solo acumula decepciones. Enferma del mismo mal que madame Bovary, desearía que su vida se pareciera a las novelas, que fuera una vida novelesca, digna de ser contada por un autor, uno de esos a los que admira. Por ejemplo por Ilja Leonard Pfeijffer, que se cuela en su propia novela, como si estuviera haciendo un plano copiado de sir Alfred Hitchcock. Buscanso en los hilos de su vida, Carmen encuentra un amor de juventud, un muchacho italiano con el que pasó un verano. Y se lanza a explorar ese recuerdo, con la ilusión de reencontrarlo.
Los temas de Ilja Leonard Pfeijffer son el amor y el pasado. Lo vimos en Grand Hotel Europa (Acantilado, 2021), donde utilizaba como contexto el turismo de masas, en una Europa decadente. Ya en aquel relato, Ilja Leonard se colocaba en primer plano mientras acompañaba a un equipo de televisión que estaba rodando un documental por el continente. Y se nos presentaba como un tipo culto, indolente, contradictorio, al que le gusta vivir bien, vestir bien y jugar. En Monterosso mon amour el personaje central es una mujer que ha vivido mucho, y que ha llegado a la edad adulta con una mochila llena de decepciones. La novela comienza con una pregunta: ¿basta aceptar las cosas tal y como son para que las insatisfacciones de la vida se tornen de otro color y se conviertan en satisfacciones? Es decir, ¿debmos ser conformistas? ¿Es el inconformismo el origen de buena parte de nuestras desdichas?
Carmen «se siente vieja porque le gusta leer». Se siente incómoda con la tecnología, con los teléfonos que reclaman continuamente nuestra atención, con la presencia constante y molesta de la actualidad. Lo cierto es que el personaje tiene todos los ingredientes para sentirse «de otro tiempo». Le gustan las historias, lee un periódico vespertino, ¿quién lee hoy un periódico de papel que se publique por las tardes? Es más, me pregunto, ¿existe algún periódico que se imprima en papel y se venda pasado el mediodía? Su vida transcurre en medio de una realidad a la que le falta fantasía, carente de ilusiones. Solo los libros la liberan de vivir una sola vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Los libros son la única posibilidad de vivir otras vidas. Hasta que Carmen encuentra en su propia memoria ese momento en que su vida pudo ser otra si la vacaciones no se hubieran interrumpido, si a aquel primer beso hubieran seguido unas vacaciones eternas. Y decide regresar a Monterosso.
A partir de este punto la novela entra en un derrotero de cierta intriga, porque Tiziana, la dueña del bed & breakfast donde se aloja, se implica en la búsqueda de aquel joven con el que Carmen nadaba en el Mediterráneo. Carmen se encuentra con una realidad inesperada, no solo porque la pandemia le sorprende en Italia, sino porque aparecen en su vida, en esta nueva vida, algunos personajes que llegan despertar en ella sentimientos adormecidos por la falta de acontecimientos en su vida.
Ilja Leonard Pfeijffer sigue siendo aquí el escritor irónico que maneja el humor con elegancia, y trata al personaje de su novela con una conmovedora ternura. Al final y al cabo, la fabulación, la necesidad de la ficción, es un rasgo humano universal, que nos empuja a explorar todas las posibilidades de la vida. Un impulso que nunca se rinde, por muchas decepciones que hayamos acumulado en la vida. Monterosso mon amour es una novela sobre las existencias en apariencia anodinas, esas cargadas de días en blanco, y que se podrían resumir en apenas unas líneas. Como confiesa Carmen en un momento del relato, «a lo largo de mi vida he hecho tan pocas cosas dignas de contar que me encantaría leer, por curiosidad, un libro sobre un personaje tan anodino como yo. He viajado por todo el mundo sin ver nada, he estrellado pelotas de tenis conta la red y he descubierto el vino de jerez, me he hecho vieja sin darme cuenta y, a causa de un malentendido, he estado de vacaciones junto al mar, lo cual, bien mirado, no ha cambiado nada, suponiendo que esa fuera mi intención y suponiendo que yo fuera una mujer con intenciones».
Alfredo Urdaci
ILJA LEONARD PFEIJFFER
Ilja Leonard Pfeijffer es el sueño europeo hecho persona: un escritor neerlandés que el 2008 decidió instalarse en Italia, en esta ciudad de Génova que tanto le ha dado. «Tenía que marcharme al sur, después de tantos años en los Países Bajos. Me gusta mi país, pero es un poco aburrido». Para Leonard Pfeijffer en los Países Bajos todo está demasiado organizado, un lugar donde asegura que no saben lo que son los problemas.
«Pero, irónicamente, para un escritor este es un gran problema. En los Países Bajos llevaba una vida muy confortable, pero cuando tenía que escribir un libro tenía que agravar y maquillar mis problemas. En Italia es todo lo contrario. No necesito hacer literatura de mis problemas. De hecho, ahora que lo hablábamos, el regalo mayor que me ha hecho la ciudad de Génova, seguramente haya sido devolverme la capacidad de sorprenderme por la vida».
El escritor holandés apunta que en Génova también ha sido consciente de muchos de los problemas de la sociedad europea actual, cemento literario con el que ha erigido su obra. Uno de este problemas es la migración. Ilja llegó a Génova a finales de la primera década del nuevo milenio. «En aquel momento en Holanda nadie hablaba de migración. Raramente salía en las noticias que se había encontrado un barco a la deriva lleno de inmigrantes en medio del Mediterráneo. Y cuando salía, se veía como un problema muy lejano que no afectaba para nada al país.
«Génova, contrariamente, siempre ha sido una ciudad donde este tema ha estado muy latente. Una ciudad portuaria, constante puerta de entrada y salida de personas procedentes de todas partes. Más todavía, mientras que en muchas ciudades europeas los inmigrantes han acaba recluidos al extrarradio, en Génova, como en Barcelona, se han instalado en el centro histórico de la ciudad. Para mí, eso, el año 2008, era un hecho totalmente nuevo. Un fenómeno que me hizo abrir los ojos».
El turismo fue otro problema que descubrió en Italia. «Evidentemente, también sufrimos esta enfermedad del turismo masivo en Amsterdam, pero ni mucho menos se puede comparar con lo que pasa en ciudades como Venecia.
«Europa es la única solución de futuro que tenemos. La única manera que tenemos para construir un futuro común», insiste mientras remueve su café. Una unión de la cual Holanda e Italia son padres fundadores. De hecho, esta unión se inició décadas atrás con la construcción del E-25 la autopista que empieza en Maasdijk, un pequeño pueblo costero holandés y finaliza su recorrido justamente en Génova después de haber pasado por Bélgica, Luxemburgo, Francia y Suiza»